Esta obra está dentro del Centro de Extensión de la Universidad Católica (metro Católica), en una exposición sobre artistas chilenos que lleva ya un par de meses en exposición. Juan Harris nació en Copiapó en 1867 y murió en Paris en 1949. "Aunque trabajó retrato y pintura histórica, su obra se orientó fundamentalmente a la representación de escenas de costumbre y temas de la vida cotidiana, entre los que cuentan juegos infantiles, animadas vistas de teatro (como Matinée en un café concierto en París, 1897) y escenas de interiores (entre ellas, su premiada Se acabó el hogar, 1895)". La pintura en cuestión mide aproximadamente 1.80 cm de largo por tal vez unos 80 de ancho. Muestra a una mujer vestida de negro llorando a un costado de la iglesia mientras sostiene a un recién nacido en brazos. En el altar de la iglesia se ve la ceremonia de matrimonio entre un joven y una dulce mujer, totalmente ajenos al llanto desconsolado de la joven de negro. Una anciana ha dejado de orar y poner atención al cura para girarse a verla llorar. Su mirada no es peyorativa, sino más bien curiosa y compasiva. Es evidente que el bebé es hijo del novio, que ahora queda para siempre comprometido a otra mujer. Y ella, de negro, llora por su vida perdida, ella viste su propio luto. En esa época, los hijos "naturales" no tenían derechos, y una madre que no estaba casada estaba condenada al desprecio social.
Esta pintura representa el drama de tantas mujeres y de tantos niños en Chile desde hace siglos. Antes, era la perdición de la mujer, su reputación quedaba para siempre mancillada. Incluso en los años 80, que una mujer tuviera hijos sin estar casada era mal visto (pienso en Tootsie y el horror del protagonista al descubrir que su enamorada tiene una bebita de 2 años). En los 2000 se popularizó el término "mamá luchona" para referirse burlescamente de la madre soltera que se hacía cargo de sus hijos trabajando en todo lo que pudiera. Estos niños abandonados incluso tienen nombre en Chile, son los llamados niños "huachos", los niños abandonados por el padre que parte en busca de mejor suerte y deja el peso de la vida y de la crianza en los débiles brazos de la madre.
En Chile, cada año nacen menos niños, estamos dentro de los países con menor tasa de natalidad por mujer y yo me alegro. Menos gente para los mismos recursos es algo que aterra sólo a aquellos que nos necesitan peleando por las migajas. En Chile las mujeres, al fin, están dejando de romantizar la maternidad y el espantoso "yo me la puedo sola." Ya no visten de negro al costado de la iglesia a llorar su suerte. Las mujeres de a poco están escogiendo mejor a qué hombre reproducir y muchos se están quedando en el camino. También lo encuentro bueno. No todos los hombres merecen ser padres.






